viernes, 11 de enero de 2008

El rosco de Reyes y la Casca valenciana


El roscón de Reyes, rosca de Reyes o rosco de Reyes es un pan dulce festivo de forma anular, adornado con rodajas de fruta cristalizada (escarchada) o confitada de colores variados, que se come en España y otros países hispanos —principalmente México— que se suele tomar el día 6 de enero, el día de Reyes, acompañado de una taza de chocolate. Se puede servir en el desayuno o en la merienda.

La Casca Valenciana
"Senyor Rei, jo estic ací, casques i torrons són per a mi, palla i garrofes per al seu rossí". Así rezaba una copla que, antiguamente, los niños de la huerta valenciana solían recitar el día de Reyes para que les entregasen los regalos, unos presentes en los que un dulce, la casca de yema, tenía un papel protagonista.
Y es que, en Valencia, era el pastel por excelencia para celebrar la epifanía, y no el ahora archiconocido roscón de reyes, un dulce de origen francés que, sin embargo, se ha convertido en dueño y señor de las mesas españolas durante la víspera y el día de Reyes. A tal punto ha llegado la invasión que, en la actualidad, "prácticamente ninguna pastelería de Valencia elabora, si no es por encargo, las cascas, cuando antes era el dulce típico de ese día", explica Joaquín Galán, presidente del Gremio de Maestros Confiteros de Valencia y provincia.
La casca de yema, también de forma circular, como el roscón, es un pastel de mazapán relleno de yema o boniato confitado. El dulce, "que se hacía con los productos que la gente tenía en la huerta y el corral", mantuvo su supremacía hasta la década de los 60, "cuando empezó a llegar de verdad el roscón y fue desplazando progresivamente a las cascas", agrega Galán, que regenta una pastelería en Albal con el mismo nombre.
No obstante, hasta ese momento, eran las reinas indiscutibles del día de Reyes. "Se hacían de muchos tipos y tamaños, desde piezas de 50 gramos a otras de un kilo -detalla-, y se colocaban en canastillas, rodeadas por monedas de chocolate, botellas de champáñ, también de chocolates, peladillas y ristras de caramelos. Ése era el regalo de Reyes para los niños".
Hecha en casa y a cocer fuera.
La popularidad de este presente era tan alta que "a las puertas de los hornos había cola ese día, sobre todo de abuelas que venían a comprar las cascas o que venían a cocerla después de haberla hecho en casa -recuerda el presidente del Gremio de Confiteros-. Luego, acababan de decorarla con las chucherías y las dejaban preparadas en cestitas de mimbre para las niñas y en pequeños cajones de madera para los críos".
Desde 1955 y fundamentalmente desde principios de la década de los 60, "apareció el roscón y las cosas empezaron a cambiar, no sólo en cuanto a pasteles, sino en todo: los niños pasaron de recibir dulces el día de Reyes a recoger juguetes y regalos casi exclusivamente". Primero arribó "el roscón auténtico, el que no está relleno, y luego empezamos a ponerle cabello de ángel y mazapán -señala Galán- hasta llegar a prepararlos de todo tipo: con crema, con nata, con trufa... Es lo que pide la gente, porque aquí, en Valencia ya casi nadie se acuerda de las cascas".

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